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Puente Internacional Simón Bolívar (Frontera entre Colombia y Venezuela)
Fuente: www.eluniversal.com.mx
El corte e inadecuado manejo de las relaciones de vecindad entre naciones trae consigo solo desastres para sus pueblos.

Colombia y Venezuela comparten una frontera extensa de 2.200 kilómetros de longitud que a decir de Hernández (2022) «fue considerada una de las fronteras más vivas y dinámicas de América Latina» hasta que desde hace 7 años sus gobiernos de una u otra manera con sus posiciones y decisiones políticas fueron llevando al cierre de la misma.

Pero el pasado 25 de septiembre el nuevo gobierno colombiano -que asumió el pasado 7 de agosto- encabezado por el Presidente Gustavo Petro Urrego y dando cumplimiento a sus promesas de campaña, presidió el acto oficial de la reapertura de la frontera previo la designación y acreditación de embajadores y la coordinación bilateral, con lo que se reanudaron las relaciones diplomáticas y se crearon condiciones para reimpulsar las relaciones comerciales entre los pueblos de aquí y allá de la frontera.

A propósito de este hecho hoy ya calificado de histórico, Carlos Luna -Presidente del Comité Intergremial de Norte de Santander en entrevista con el Diario El País de España-, expresó: «Nos toca reconstruir las relaciones no solo diplomáticas y políticas, también en temas de infraestructura y logísticos. Claro que hay mucho por hacer, pero lo fundamental es la voluntad, el restablecimiento y la decisión de los presidentes Petro y Maduro de abrir la frontera y buscar la normalización» (Torrado, 2022).

La reapertura marca un antes y un después en las relaciones políticas y diplomáticas entre los dos estados y en las comerciales, mediante el flujo de bienes, mercancías y servicios en la zona de frontera común a los dos pueblos. Sin duda traerá grandes beneficios para los dos países y generará impactos que se suponen positivos en algunos sectores económicos como el caso de la industria de la construcción. Auscultar estos impactos para la construcción en Colombia es el propósito central del presente artículo a partir del abordaje de datos y hechos del flujo comercial antes del cierre de la frontera y en perspectiva según las proyecciones gubernamentales y gremiales.

Comercio bilateral antes del cierre de la frontera

Según datos del Ministerio de Comercio e Industria en el 2008 antes del cierre de la frontera el comercio total e integral entre los dos países ascendía a US$ 7.000 millones mientras que en el 2020 se redujo a la pírrica suma de US$200 millones, lo que de manera automática generó un desplome absoluto del empleo en zona de frontera en los dos países. Para el 2021 el comercio binacional registró un leve ascenso al llegar a los US$ 394 millones mientras que -según el ministro Germán Umaña- en el primer semestre del presente año superó los US$ 318 millones, lo que hace presumir que al cierre del año puede llegar a estar por encima de los US$ 1.000 millones como consecuencia de la reapertura.

Es de recordar que Venezuela era el principal socio comercial de Colombia en términos de ventas de tal forma que para el 2008 el 37% de las exportaciones colombianas salían de Bogotá hacia el hermano y fronterizo país, según dato de la Secretaría Distrital de Desarrollo, sin contar el que circulaba a través de la frontera, mientras que hoy en 2022, tan solo representan el 0.8% del total exportado por Colombia hacia el exterior.

Balanza Comercial Colombia-Venezuela


Fuente: www.larepublica.co

 

En 2019 los principales renglones de exportación hacia Venezuela fueron mesclas minerales o fertilizantes químicos (US$13,6 millones), aceite de palma (US$12,2 millones), polímeros de propileno (US$10,5 millones), medicamentos empacados (UC$9,45 millones) y tubos de hierro (US$8,51 millones).

De prolongarse la caída del comercio con Venezuela por las causas ya ampliamente conocidas se tendría una pérdida de exportaciones reales para Colombia del 3,08% y del PIB del 1,01, mientras que para Venezuela los impactos sobre sus ventas y PIB serían mucho mayores, según el Banco de la República.

De hecho, según datos del DANE entre 2018 y 2019 el intercambio comercial entre los dos países se contrajo en un 46%. Las exportaciones venezolanas hacia su vecino se redujeron en un 66% mientras que las importaciones desde Colombia se redujeron en un 36%.

 

Según declaraciones dadas al EE por el mismo Ministro Umañana en el 2003 el intercambio comercial entre los dos países podría llegar a US$1.800 y 2.000 millones por cuenta de la recuperación del comercio binacional. Y por su parte el Presidente de la República Gustavo Petro en alocución pública en el acto de reapertura, se planteó la aspiración de que al culminar su gobierno dicho comercio al menos llegue al mismo nivel en el que se encontraba al cierre de la frontera.

Flujo de productos e insumos de la construcción en el comercio bilateral

Según un documento publicado por el Banco de la República (2010) el comercio colombo-venezolano desde los años setenta experimentó momentos de crisis y de auge, pero su mayor etapa de crecimiento se dio entre 2004 y 2009. El mismo documento sostiene que a Venezuela se le ha considerado tradicionalmente como un mercado de «aprendizaje». Y agrega que «Desde sus primeras etapas de crecimiento a ese destino se dirigían mercancías que no se vendían en otras latitudes y que no solamente desafiaban la creencia de que Colombia era un país mono-exportador de productos primarios, sino que era capaz de vender bienes industriales con algún grado de sofisticación tecnológica» (Esguerra Umaña, y otros, 2010).

Caracterizar el comercio bilateral es clave para entender lo que ha pasado y puede pasar hacia adelante con el intercambio entre los dos países. Según Esguerra y otros (2010), al ser Venezuela como una especie de plataforma para las exportaciones menores colombianas se privilegiaba como andamiaje clave de la integración andina que promovía la liberación del comercio entre los dos países pero a su vez exigía la permanencia de barreras frente a terceros países. A este tratamiento se aunaron los famosos Programas de Complementación Industrial que consistían en que los países se repartían producciones de sectores estratégicos que requerían de economías de escala en su producción para el desarrollo industrial soportado en el mercado andino.

A este proceso se agregó la creación de la Zona de Libre Comercio (ZLC) entre Colombia y Venezuela en 1991, y con ello se incrementó el temor por el rumbo que tomaría Venezuela en su rol de plataforma comercial exportadora de Colombia al igual que la suerte que correrían los programas complementarios industriales habida cuenta de la liberación de los aranceles a terceros. Con estos escenarios e instrumentos el comercio entre los dos países se dinamizó determinantemente pese a otros tratados como el G3. Más sin embargo la situación comenzó a cambiar con la firma del TLC entre Colombia y USA en 2006. Pero el deterioro del comercio binacional hizo metástasis gracias a las desavenencias políticas entre los gobiernos de los dos países en la última década.

Personas sostienen una bandera simbólica sobre el Puente Internacional Simón Bolívar (Frontera entre Colombia y Venezuela)

Fuente: www.minuto30.com

Pero en medio de esta dinámica, o mejor, desencuentros, el intercambio comercial no ha dejado de fluir -en baja escala- y como ya se mencionó uno de los rubros representativos de las exportaciones de Colombia hacia Venezuela es de tubo de hierro, que es un insumo importante para la construcción o como materia prima que puede transformarse para generar otros insumos para la misma, u otras actividades industriales.

Durante el período indicado anteriormente también se dieron exportaciones de Colombia hacia el país vecino de fundición, hierro y acero por un valor US$ 1,65 millones mientras que las importaciones desde Venezuela de este mismo renglón fueron de US$ 4,37 millones, una cifra que supera con creces a las colombianas. De otro lado Venezuela exportó al país la suma de US$ 4,27 millones de aluminio y sus manufacturas, material que en construcción se usa en acabados y estructuras livianas.

En conclusión se tiene que en medio de la actual crisis del acero tanto por su oferta como por sus precios internacionales que está afectando determinantemente la industria de la construcción en Colombia, la reapertura de la frontera y la dinamización del comercio entre las dos naciones se muestran sumamente esperanzadores para esta industria. La importación de material ferroso, de acero y aluminio de Venezuela no solo sería más económica por eventuales acuerdo bilaterales sino por la proximidad que adicionalmente lo hace estar disponible de manera más inmediata.

Se trata de una oportunidad que Colombia no podría desaprovechar más por los beneficios que traería para reactivar o dinamizar los proyectos que están en ejecución pero también porque podría tener una incidencia positiva en la reducción de los costos constructivos que finalmente se reflejará en el precio del producto terminado haciéndolo más accesible en especial a los sectores menos beneficiados que presuntamente aspiran acceder a una vivienda de interés social.

Hombre representando al Bolívar cruza sobre el Puente Internacional Simón Bolívar (Frontera entre Colombia y Venezuela)

Fuente: colombia.eseuro.com

Referencias

 

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