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Dos tendencias que vienen posicionándose con fuerza en relación con el mundo inmobiliario parecieran provocar una revolución en la forma como habitamos o usamos los espacios construidos, todo gracias a los cambios culturales que ha impuesto el desarrollo de la tecnología digital o virtual, y de la mano de ella, la globalización.

Pero no solamente los desarrollos de las tecnologías digitales y sus consecuentes cambios culturales son las que están empujándolas, sino que también, la creciente escases de espacio urbano que cada vez se hace más evidente en las ciudades del mundo.

Estas dos tendencias que se amparan bajo el mismo techo de la Convivencia Común son las Viviendas Colectivas y el Coliving -variante del coworking-. En el fondo de este concepto subyace la idea de que el espacio deja de ser una propiedad para convertirse en un servicio.

Dadas estas figuras o tendencia que se derivan del concepto de Convivencia Común, válido es preguntarse ¿En qué consiste la convivencia en común? ¿De qué se trata las viviendas colectivas y como se asimila o diferencia con el coliving?

 

Convivencia Común

Hay una tendencia a confundir las agrupaciones de vivienda que encarna la copropiedad de los edificios de apartamentos con el concepto de convivencia común. Mientras que la primera hace referencia a lo que se conoce como propiedad horizontal conformada por unidades habitacionales individuales -pisos, apartamentos, dúplex, lofts, etc.- más unos espacios comunes -portería, cuartos de instalaciones, ascensores, escaleras, pasillos, zonas verdes, parques, jardines-, la segunda se trata de una estrategia de aprovechamiento de los espacios privados en donde dichos espacios sacrifican parte de sus áreas dando paso a espacios donde se pueden desarrollar varias actividades -que tradicionalmente se realizan en dicho espacio privado- de manera común con la instalación de equipamiento y ambientes que pueden ser compartidos por todos quienes residen o son propietarios de unidades individuales.

En su propósito de proponer una recreación del concepto de Convivencia Común y de paso de la Vivienda Colectiva, López (2022) cuestiona el estilo que se impuso en el siglo XX especialmente con el modelo impulsado por la Unión Soviética y luego por Le Corbusier, al afirmar que no ha sufrido muchas transformaciones en las últimas décadas, por lo que lo califica como un proyecto que mayoritariamente se reduce a una sumatoria de tipologías unidas entre sí por unos espacios comunes anodinos, usualmente no diseñados con buena calidad, restringiéndolos a lo mínimo indispensable siguiendo las normas y reglamentos residualmente. Agregando que este tipo de propuesta tiene a los mono ambientes como su representación simbólica de la vivienda contemporánea.

Parafraseando a López puede decirse que lo común puede permitir repensar la vivienda colectiva desde una nueva perspectiva conducente a derribar la lógica binaria y rígida con la que se entiende el espacio, a partir de la reconceptualización del mismo y su adaptación a los desafíos contemporáneos que posibilite configuraciones habitacionales capaces de albergar estructuras de convivencia diversas y una variedad de situaciones y actividades compartidas de calidad.

Por su parte Manuel Carbajo y Celso Barrios -de Carbajo Barrios Arquitectos- referidos por Ros (2024) sostienen que los espacios compartidos han de servir como transición entre lo público propiamente dicho y el interior de las casas para provocar valiosos momentos de intercambio y socialización entre los usuarios.

En síntesis, el concepto de Convivencia Común trasciende al proyecto tradicional de los agrupamientos o conjuntos que privilegian los compartimentos privados en los que se conminan y aíslan los residentes, y en donde las únicas posibilidades de encuentro o socialización se dan en portales de entrada, escaleras, pasillos y ascensores, mediante transiciones momentáneas o pasajeras. Por el contrario, un remozado y moderno concepto de Convivencia Común implica la concepción de compartimentos o unidades privados que ceden parte de su espacio a unos abiertos y más públicos, en los que obligadamente los residentes deben encontrase, interactuar y socializar de tal forma que los lazos se estrechen entre ellos, verbigracia, zonas de lavandería, cocina, comedores, gimnasios, recreación, etc., comunes y totalmente compartidos.

 

Viviendas Colectivas

Desde una postura sociológica y acogiendo el planteamiento del portal lemonline.com (2023), puede decirse que la vivienda colectiva es un concepto arquitectónico y urbanístico que se refiere a un tipo de edificación en la cual varias unidades residenciales comparten ciertos espacios comunes y servicios. En lugar de ser viviendas individuales o unifamiliares, las viviendas colectivas son diseñadas para albergar a múltiples familias o personas en un mismo edificio o complejo habitacional, con el propósito de fomentar la convivencia, la interacción social, y el uso eficiente de los recursos, anota el mismo.

Desde una perspectiva economicista, a la vivienda colectiva se le señala como una tendencia que transforma el espacio en un servicio, convirtiéndose en un negocio que transforma nuestra forma de vivir y trabajar. Para Lidija Grozdanic referida por el portal archdaily.com.co (2016) «la economía de compartir está redefiniendo el espacio físico como un sector muy lucrativo en la industria de los servicios».

De esta forma algunas de las empresas más innovadoras y rentables del mundo basan sus modelos de negocio en la comercialización de espacios no explotados, agrega la misma. Reporta el mismo portal que en la industria AEC -por sus siglas en inglés Architecture, Engineering & Construction-, algunas empresas están descubriendo el potencial oculto del exceso de energía generado por edificios, mientras que otras están aprovechando las grandes superficies de las azoteas de los centros comerciales y supermercados para la captación de energía solar, en tanto que gestoras inmobiliarias digitales como Airbnb, ha convertido unidades de vivienda poco utilizadas en activos, permitiendo a las personas generar ingresos adicionales por alquileres de sus hogares a viajeros.

En consecuencia, las nociones tradicionales de espacio privado y público, están siendo revaluadas por una economía de intercambio y el avance tecnológico, en donde el espacio está siendo reconocido como un producto rentable en sí mismo.

Lo cierto es que este tipo de vivienda se ha vuelto cada vez más relevante en los últimos años debido a la densificación urbana, la escasez de terrenos disponibles y la necesidad de utilizar de manera más eficiente los recursos.

Fuente: qmayor.com, cortesía Daito

 

Coliving como una modalidad de Coworking

El Coliving es una innovadora alternativa habitacional impulsada por el nuevo mundo digital. Se trata de una modalidad habitacional que evolucionó del Coworking, aplicado al ámbito inmobiliario que promueve un nuevo estilo de vida en el que los inquilinos comparten espacios comunes pero también experiencias y aficiones, cuyo objetivo es generar un espacio de socialización abierto a todos los vecinos, recuperando los lazos de comunidad que cuesta mucho encontrar en las grandes ciudades.

El portal culmia.com (2022) reseña que si en el coworking y los negocios colaborativos se comparten espacios de trabajo y experiencias laborales, el coliving pone el acento en la vida comunitaria mediante la creación de espacios comunes en los que los inquilinos pueden conocerse, compartir aficiones o intercambiar experiencias. Apunta que los edificios coliving ofrecen un sistema a medio camino entre las residencias o colegio mayores, los pisos y los apartahoteles.

En esta modalidad de vivienda, los inquilinos cuentan con una habitación independiente, normalmente con baño y cocina, pero más allá de estos espacios privados, se caracteriza por la calidad de sus espacios comunes y sus servicios, ofreciendo al inquilino todo lo que necesita para entrar a vivir inmediatamente, y en donde el canon de arrendamiento cubre los servicios propios de un hotel como el de aseo y lavandería.

Pero quizás la característica más determinante que diferencia al coliving de las viviendas convencionales e incluso las colectivas, radica en que suelen contar con grandes salas comunes, comedor, espacios de coworking, biblioteca, salas multimedia, gimnasio, piscina, instalaciones deportivas, ofreciéndoles a los inquilinos diversidad de alternativas de ocio que pueden disfrutar sin necesidad de salir de casa.

Fuente: pixabay.com, cortesía jdpereiro

Como corolario, basta decir que nos encontramos ante unas nuevas tendencias inmobiliarias que llegaron para quedarse, y de las que la arquitectura y el urbanismo se han ocupado interpretando las nuevas realidades provocadas por la tecnología digital y la creciente escasez del suelo urbano. Las Viviendas Comunitarias y el Coliving, que responden al concepto de Convivencia Común, son dos de estas tendencias, siendo la primera más aplicable para residentes permanentes del tipo propietario, mientras que la segunda se adapta más a las necesidades de lo que se conoce como los nómadas digitales, obedeciendo más a la estrategia de transformar el espacio como propiedad a uno como servicio y de aprovechamiento económico del espacio inexplotado o no usado.

En los dos casos, el objetivo es servir a los propósitos muy particulares de cada uno de los dos tipos de residentes, pero destinando más espacio y equipamientos comunes que promuevan el encuentro y la interacción entre los ocupantes del complejo habitacional.

Fuente: dovevivo.com

 


Referencias