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Si la construcción contiene contaminantes, las condiciones de salubridad del hábitat no son óptimas.

Alguna vez nos hemos preguntado ¿por qué la vivienda que hemos adquirido nos provoca con frecuencia alergias, náuseas, dificultad al respirar, desanimo, insomnio o que nos comportemos de manera inusual consigo mismo y los congéneres con los que compartimos el mismo hábitat? Siendo así muy seguramente algunos componentes de la vivienda son insalubres.

Parafraseando a unos analistas puede decirse que la industria de la construcción, en especial la Arquitectura, como muchas otras disciplinas y quehaceres humanos siempre se han valido de diversas herramientas que van desde instrumentos rudimentarios hasta las más sofisticadas tecnologías para transformar materias primas de origen animal, vegetal y mineral para finalmente producir materiales de construcción (Mühlmann, y otros, 2020).

Refieren que a partir del proceso proyectual toda idea termina concretándose a través de materiales que conforman elementos y sistemas que serán parte de un todo de un edificio. Igualmente sugieren que un edificio puede llegar a comportarse como un organismo humano que existe cumpliendo un ciclo bilógico, no obstante que aquél es una creación artificial que cumple un ciclo tecnológico. Complementan que de esta manera mientras los médicos leen los cuerpos humanos, los arquitectos leen los edificios que finalmente resultan ser los contenedores de lo que esos organismos necesitan en términos de salud y calidad de vida.

De esta manera los edificios, pero en especial los sistemas y materiales de construcción que los conforman pasan a ser determinantes en el diagnóstico de enfermedades que puedan padecer sus moradores como consecuencia de habitar en ellos.

Según una revista digital que se ocupa de temas de arquitectura un hábitat sano es fundamental para preservar y mantener la salud. Y agrega que «Esto hace imperativo incorporar el concepto de que la contaminación ambiental no solo causa desequilibrios en ecosistemas naturales o urbanos, sino que también en los espacios interiores de todo edificio u obra construida» (Revista de Arquitectura Digital, 2017).


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Pero pese a las tendencias medioambientalistas, no se descarta que en la construcción se puedan encontrar factores que lleguen a tener efectos contaminantes tanto al exterior como en los espacios interiores de las edificaciones o viviendas. Son muchos los factores que inciden en un ambiente interior malsano: la localización, la orientación, la ventilación, la instalación eléctrica, las aguas negras, la calidad de la construcción, el origen de los materiales y los componentes de la edificación.

Por la localización las viviendas pueden estar expuestas a emisiones de Radón que es un gas radioactivo incoloro e inodoro que puede encontrarse en casi todo tipo de suelo, rocas o en el agua, y que proviene de la descomposición natural del Uranio. Es un gas que emana de abajo hacia arriba del suelo hasta el aire que se respira y puede causar cáncer de pulmón (Revista de Arquitectura Digital, 2017).

Los componentes de la construcción también pueden representar factores de riesgo para la salud. Como lo sugiere la misma revista, el hormigón es un componente universal de construcción que se aplica a cimentaciones, muros, pantallas, etc.,  y aunque tienen apreciables ventajas también conlleva inconvenientes. Uno de ellos es la inestabilidad de las pastas de cemento Portland cuando entran en contacto con diferentes sustancias químicas presentes en el suelo que a su vez puede conducir a exponerse a ataques de ácidos que se expresan en sales solubles o expansivas.

Los sistemas de electricidad y climatización -calefacción y refrigeración- son otros de esos componentes que implican riesgos ambientales del hábitat puesto que producen campos magnéticos y eléctricos que liberan partículas electromagnéticas que alteran el equilibrio orgánico.

Pero especialmente los materiales pueden representar una amenaza a la salubridad dentro de la vivienda por la toxicidad de algunos de sus componentes. 


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La exposición a químicos tóxicos afecta al sistema inmune del organismo humano cuyos síntomas pueden variar desde dolor de cabeza, depresión, estados gripales recurrentes, etc. A largo plazo puede derivar en malformaciones congénitas y en el desarrollo de diversos tipos de cáncer, más si dichos materiales contienen elementos derivados del petróleo, como ocurre en su mayoría. Una lista de algunos de estos elementos que puede ayudar a mantener una alerta preventiva, resulta ilustrativa:


Fuente: Elaboración del autor

En fin, en el mercado se encuentra muchos más materiales que pueden tener efectos nocivos en la salud humana, pero no hay duda que mucho se ha avanzado en la calidad de los materiales de construcción y en los diseños especialmente para viviendas No VIS y No Prioritarias. Países como Francia a partir del año 2012 establecieron regulaciones que obligan a que productos de construcción, decoración y mobiliario como pinturas, barnices, pegamento y adhesivos, entre otros, sean calificados mediante una etiqueta obligatoria con la clasificación obtenida en pruebas realizadas según la norma ISO 16000, que indican el grado de emisiones tóxicas de dichos productos. (Bluearch Bioarquitectura, 2012).

Complementa el mismo que la regulación centra la atención en componentes  como formaldehído, acetaldehído, tolueno, tetraclorohídeno, xyleno, trimethylbenceno, diclorobenceno, elibenceno, butoxyetanol, estireno, así como todos los compuestos orgánicos volátiles -COV-.

Regulaciones como ésta se han adoptado en muchos países especialmente en los más desarrollados, no obstante, en algunos países en vía de desarrollo la situación no es muy halagadora debido a diversos factores.

Por ejemplo, en Colombia existe el Código de Construcción -norma nacional- que contiene los requisitos mínimos a cumplir en las construcciones, las normas técnicas para materiales sustentadas en las ASTM, NTC, etc., y las especificaciones técnicas de construcción y planos que deben ser consideradas por los diseñadores.

No obstante, la existencia de las normas reguladoras y de los mecanismos formales de control a la calidad de las construcciones en Colombia se viene presentando un problema de control, especialmente en las medianas y pequeñas ciudades, en las que se vienen desarrollando proyectos constructivos «sin licencias ni permisos adecuados, con materiales cuya calidad no es controlada y sin sistemas de supervisión…» (Portafolio, 2018). En la misma nota de la revista se afirma, como lo sostiene el Presidente de Asocreto, que «Así se está desarrollando el 50% de las construcciones en el país». Agrega el mismo que a esto se suma que menos del 30% de los proyectos en obra están realizando ensayos de control de calidad de los materiales que se utilizan.

 En conclusión, los diseños al igual que los materiales aplicados a la construcción deben ser adecuados y de tal calidad que garanticen un hábitat sano y condiciones medioambientales que aseguren calidad de vida a quienes han de disfrutarlos, y en el caso de Colombia, se hace necesario fortalecer la capacidad de los entes territoriales para ejercer control integral a los proyectos de construcción.


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Referencias

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