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Que el espacio puede generar emociones con tan solo observarlo o al percibir las aromas que rondan en él, es una inquietud que inconscientemente eludimos, no obstante las reacciones de facto que de inmediato se manifiestan. Alguna vez hemos vivenciado que los colores pueden afectar nuestra percepción, lo que hacemos o sentimos o, hemos pospuesto el desarrollo de nuestras actividades laborales con el pretexto de que la ventilación y la iluminación son insuficientes.

Más sin embargo, seguramente alguna vez nos hemos detenido a observar que la iluminación, la escala, las proporciones, la acústica, los materiales, y en general todo el entorno, se desenvuelve e interactúa con el usuario u ocupante de un determinado espacio, gracias a los sentidos, y es así, porque los sentidos permiten vivenciar diferentes experiencias y sensaciones.

Generalmente se sostiene que ontológicamente el ser humano es pensamiento y sensaciones, dos dimensiones que al fundirse armónica y sistemáticamente determinan las percepciones, reacciones, emociones, reflexiones, posturas, preferencias, deseos y decisiones que puede llegar a adoptar una persona ante un evento determinado o, dentro de un espacio ya sea interior o exterior. Podría entonces decirse que esas dos dimensiones, en esa fusión holística, configuran la psiquis de la persona.

De ahí que en toda vivencia, experiencia y que hacer del hombre, la psiquis resulta determinante. Entonces, no es en vano que en los últimos años, en el ámbito de la arquitectura, este cobrando mucha relevancia la incorporación de la psicología a los procesos de diseño y construcción de las viviendas de todo uso.

A esta nueva postura se ha dado en denominarla como Psicoarquitectura o Psicología del Espacio. Pero y ¿que son estas dos categorías de abordaje del proceso arquitectónico? ¿Se tratan las dos del mismo asunto o son diferentes? ¿Por qué resulta ser relevante para la actividad?

Fuente: archdaily.co, cortesía José Hevia

 

Psicoarquitectura o la psicología del espacio

De la introducción a la sustentación de la tesis de grado realizada por Ayala y otro (2022) puede inferirse que la Psicoarquitectura es el método de diseñar espacios arquitectónicos en atención a las necesidades o problemáticas relacionadas con las percepciones y sensaciones generales provocadas en la mente a partir de factores sonoros, visuales, olfativos y sensoriales.

Sostienen los mismos que el entorno físico tiene un efecto directo en el estado de ánimo de las personas, en sus percepciones y acciones al recorrer cada uno de los espacios de acuerdo a sus experiencias previas, por lo que el entorno puede ser modificado desde su iluminación, mobiliario, sonoridad, colores, texturas o cualquier elemento que transforme la percepción sensorial.

Por su parte Harrouk (2020) sugiere que de la interacción de las personas con el espacio que habitan es que surge la psicología del espacio. Agrega que desde inducir sentimientos o sensaciones de calidez, seguridad y bienestar hasta crear ambientes de trabajo positivos y eficientes, el espacio puede ejerce un gran impacto en la forma en la que actuamos o sentimos, por lo que el diseño ha de ser un gran aliado siempre y cuando se consideren las necesidades sociales y psicológicas de los ocupantes.

Según Dave Alan Kopec -especialista en la materia y profesor de la nueva Escuela de Arquitectura y Diseño de San Diego, USA-, referido por Harrouk, la psicología del espacio es «el estudio de las relaciones y comportamientos humanos en relación a su contexto, en entornos construidos y naturales».

Con esta última afirmación se va decantando que una cosa es la psicoarquitectura y otra es la psicología del espacio, sin que sean mutuamente excluyentes, más si simbióticamente coexistentes. Mientras que la psicología del espacio es el estudio aplicado de la psicología a las interacciones entre las personas y el espacio natural o construido, la psicoarquitectura es el proceso constructivo que se desarrolla con base en estudios de psicología del espacio. Si no hay estudio previo de sicología del espacio entonces no hay psicoarquitectura.

Fuente: archdaily.co, cortesía Daniela Mac Adden

 

Detonante de la psicología del espacio y la psicoarquitectura en la construcción

No es un secreto que el mayor desarrollo inmobiliario y urbanístico en el planeta ha sido jalonado por la máxima expresión de la modernidad, vale decir, la revolución industrial que con la mecanización, la producción a gran escala por banda y en masa, también incrementó la demanda de mano de obra especialmente en las ciudades y las zonas de influencia donde fueron estableciéndose las plantas industriales.

A la producción masiva de mercancías, paralelamente le siguió un intenso y a gran escala, desarrollo inmobiliario sin precedentes, con el fin de alberga la alta demanda de mano de obra por parte de las industrias que comenzaron a pulular por todas partes.

Eso obligó a desarrollar una intensa y masiva actividad constructora tanto de plantas de producción, de bodegaje y viviendas, que para poder atender la alta demanda a su vez se vio en la necesidad de desarrollar programas arquitectónicos con base en moldes o plantillas, lo que condujo a la construcción masiva de espacios habitables tipo molde, sin considerar las interacciones entre las personas y dichos espacios.

Pulularon espacios cerrados, sin ventilación, con baja iluminación, con lugares comunes y limitaciones sanitarias, con lo que se crearon condiciones para la proliferación de epidemias y pandemias, y la reducción de las expectativas de vida de la población. De esta manera el espacio y la comprensión psicológica quedaba en último o ningún plano.

Las consecuencias de la construcción masiva de espacios habitables tipo molde, no se hicieron esperar, lo que obligó a la disciplina de la arquitectura a repensar su papel en la sociedad, impulsando así un nuevo movimiento arquitectónico que se conoció como el Movimiento Modernista, que abogaba por la construcción de espacios más humanos, abiertos e inspiradores, influenciado por las teorías de las relaciones humanas frente a la producción y empresa capitalista.

Parafraseando a Fujarte (2020), para aquellos años de las primeras décadas del siglo XX la expectativa de vida era tan solo de 60 años, mientras que a partir del movimiento modernista no solo aumentó paulatinamente situándose actualmente en los 76 años, sino que ahora es de mayor calidad. Para la arquitectura, desde unos años hasta hoy, ha sido creciente la inquietud -sin que pareciese evidente- en torno a la necesidad de estudiar la interacción y los comportamientos humanos en relación con su contexto, su espacio o con los entornos construidos.

Fuente: archdaily.co, cortesía Lara Swimmer

 

Influencia de la psicología en los ambientes habitables

El diseño no lo es todo en el proceso creativo, apunta el portal aqso.net (2024), agregando que a pesar de su contenido artístico, la arquitectura también puede basarse en valores científicos, más allá de la intuición o ingenio del diseñador. Según el mismo, los estudios demuestran que gran parte de los edificios provocan un elevado impacto en las emociones de las personas, lo que lleva a interconectar arquitectura y psicología.

Es indudable que como individuos, estamos determinados por ciertos paradigmas y precedentes. Estamos programados automáticamente en función de nuestro mapa mental, hábitos inconscientes y sesgos intuitivos, razón por la que una visión, un olor o un tacto en particular nos provocan reacciones sensoriales. Y es ahí donde los experimentos psicológicos son capaces de medir como ciertos factores específicos son desencadenantes e influyen en el bienestar de las personas.

 Comprender los estímulos y sus repercusiones que causan los ambientes y espacios habitables, es la base de estudio de lo que se denomina Diseño Centrado en el Usuario -UCD, sus siglas en inglés-, un método en donde los arquitectos, junto con los psicólogos, utilizan este conocimiento para proyectar edificios que promueven este tipo de reciprocidades holísticas.

Para Aqsc su método de trabajo es multidisciplinar y se basa directamente en un proceso lineal de pensar-sentir-actuar, de modo que incorporan la psicología en el proceso proyectual a fin de ofrecer un diseño que tenga como finalidad la motivación de los usuarios.

Pues bien, nos hemos paseado por un tema de actual y altísima inquietud y vigencia en el mundo de la arquitectura. Más que tratarse de una simple tendencia es ya casi una escuela que se fundamenta en un método científico en donde se juntan los saberes del diseño con los de la psicología, a partir del cual se desata una nueva forma de abordar la construcción material de espacios habitables, mediante el abordaje de las sensaciones, emociones y expectativas de los usuarios previamente.

Realmente es un método que se desarrolla desde dos categorías y que a la postre se da en dos momentos: la psicología del espacio que es la fase de proyectar un diseño arquitectónico en atención a los aspectos psicológicos de los usuarios, y la psicoarquitectura, que es la fase de ejecución material de un proyecto arquitectónico diseñado en atención a los estudios de la psicología del espacio, que se traduce en el método Diseño Centrado en el Usuario que implica un ejercicio lineal de pensar-sentir-actuar.

Fuente: aqso.net (con intervención particular)

 


Referencias