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Fuente: all3dp.com
Los límites de la revolución tecnológica son infinitos e inconmensurables.

La impresión 3D si bien es un avance tecnológico novedoso, no es están reciente, pues data del siglo pasado. Técnicamente denominada Esteriotilografía e inventada por el ingeniero estadounidense Chuck Hull en 1986, es una tecnología que permite «crear todo tipo de piezas en poco tiempo y con poca mano de obra sin necesidad de molde.» (Argos, 2021). Se trata de la manufactura aditiva que es el proceso de producción en el que los componentes son creados capa por capa partiendo de un diseño 3D.

Fuente: colombia.argos.co

Como lo reseña Argos, ha sido empleada por «áreas como la medicina, las artes plásticas, la gastronomía, la industria textil, entre otras, para fabricar objetos que ofrecen soluciones a importantes problemas del ser humano».

Precisa el mismo Argos que «en el campo de la construcción su uso es más reciente y comenzó a partir de avances en mezclas de concreto y equipos de impresión más avanzados». Agrega que con ella actualmente es posible imprimir piezas prefabricadas para ser utilizadas en viviendas de una plata o estructuras más grandes como los edificios. A partir de experiencias ya desarrolladas en construcción con esta tecnología en varios países del mundo especialmente China, Europa y USA, se ha podido identificar múltiples bondades o ventajas:

  • Genera ahorros en material, tiempo y mano de obra.
  • Es sostenible por los ahorros en material que se expresa en menos emisiones.
  • Permite fabricar diseños personalizados.
  • Permite la flexibilización de los diseños.
  • Permite la producción hábil de partes in situ e impresión simultánea de diversos materiales.
  • Facilita integrar nuevos componentes a las estructuras ya construidas.
  • Reduce operaciones en la obra al automatizar los procesos.

De esta manera el diseño de estructuras «pasa del trazo a lápiz al formato digital con desarrollo de software» y la construcción, de la mano al proceso automatizado.

Pero ¿Es posible que la tecnología 3D sea aplicada a la construcción de vivienda de interés social? ¿Es admisible imaginar la construcción de programas masivos de vivienda social realizada por una impresora 3D? ¿Cuáles serían los beneficios de aplicar dicha tecnología para la vivienda social en Colombia? Si bien es cierto que ya hoy en día nada parece sorprendernos en cuanto a avances tecnológicos, este asunto sí que resulta expectante.

La impresión 3D ha sufrido un repunte acelerado en el mercado mundial con una tasa anual del 30% y una tendencia creciente. Por otra parte, Hábitat ONU proyecta que «para el 2030 cerca de 3.000 millones de personas o el 40% de la población mundial necesitarán tener acceso a vivienda, infraestructura básica y otros servicios tales como sistemas de acueducto y saneamiento. Estas cifras pueden traducirse en la necesidad de construir 96.150 viviendas diarias en suelos con servicios y documentos a partir de este momento y hasta el 2030. Adicional, se calcula que hoy en día, en algunas ciudades hasta el 80% vive en tugurios» (360Enconcreto, 2021).

Fuente: Joris Laarman Lab.

En el mundo se han llevado a cabo experiencias exitosas de construcción en 3D. La empresa China Winsu construyó diez casas en menos de 24 horas y en el 2015 un edificio de cinco pisos con la misma tecnología. En Italia, la Universidad de Nápoles en conjunto con la empresa tecnológica WASP crearon un soporte o viga de concreto que es utilizado en diferentes proyectos de construcción. Baumax, empresa chilena utiliza una impresora 3D para construir en un solo día casas de concreto por bloques prefabricados.

En Austin, Texas, USA, un nuevo desarrollo inmobiliario se convertirá en la mayor agrupación de casas del mundo impresas en 3D. El proyecto contará con 100 casas de una planta, «impresas» in situ mediante una construcción robótica gigante y un material de construcción a base de concreto y será inaugurado en el próximo año. (Holland, 2021).  

El proyecto lo desarrolló la empresa constructora Lennar e ICON en asocio con la diseñadora danesa Bakjarke Ingels Group. En el proceso intervinieron cinco de las impresoras robotizadas «Vulcan» de 14 metros de ancho de propiedad de la empresa, que emiten una mezcla de concreto llamada «Lavacrete» con base en un diseño de casa programado.

Las empresas responsables del proyecto afirman que las casas pueden ser mucho más baratas y rápidas de producir mediante la impresión 3D.
Fuente: CNN en español.

Actualmente hay un proyecto en América Latina gestado conjuntamente por la compañía Icon, la organización sin ánimo de lucro New Story y los diseñadores Fuseproject para levantar un pueblo completo en 3D cuyo objetivo es cambiar lo que se conoce en Colombia como «casas de paroi» o en otros países como «chabolas» o «chamizos»,  por construcciones más estables y a un precio mucho menor de lo que costaría una vivienda tradicional, que dará albergue a 400 personas -en promedio a 100 familias- para lo que se ha involucrado a la comunidad (Rubio, 2021).

Pero a pesar de las bondades y ventajas de esta tecnología derivadas de las ya avanzadas experiencias no han faltado los críticos que consideran «que sigue dependiendo de un material no renovable» al igual que cuestionan «la estabilidad y seguridad de las estructuras al no estar contempladas específicamente en los códigos de construcciones existentes» (Holland, 2021).

En Colombia, la provisión de vivienda social -desde la década de los 90 quedó en manos del sector privado- se enfrenta a diversos dilemas, especialmente el de la tierra que se ha hecho presa de un mercado especulativo que incide determinantemente en el encarecimiento del precio de la vivienda que a su vez hace difícil el acceso a ella por parte de la población de bajos ingresos. No obstante, la existencia de legislación que se resume en la que se conoce como «Reforma Urbana», en la que está incluida toda la regulación acerca de los Planes de Ordenamiento Territorial, el mercado de la tierra, a cambio de normalizarse, cada vez se ha hecho más especulativo. Si a esto se le suma la tendencia creciente del precio del acero, la vivienda social cada vez más incrementará a su vez su precio.

De ahí que no suene descabellado que una solución  a la provisión de vivienda social que sea asequible a los sectores de más bajos ingresos en Colombia sea la que se desarrolle con base en la tecnología 3D, lo que muy seguramente demandará en el muy corto plazo el desarrollo de ajustes normativos y de estrategias de adquisición de tierras por fuera del mercado especulativo, verbigracia los «Bancos de Tierras» que pueden conformarse con lotes baldíos y en aplicación de la expropiación conforme a la legislación actual.

Ante la posibilidad de construir vivienda social en Colombia quizás la mayor ventaja que ofrece esta tecnología es la considerable reducción de los costos de construcción que según ICON (JMRAFFi, 2021) puede llegar a la módica suma de US$ 4.000 -16 millones de pesos colombianos- siempre que los programas agrupados consten de números crecientes de unidas habitacionales.

Una fortaleza y oportunidad que actualmente se da en Colombia para optar por esta alternativa es que ya hay una empresa nacional que ha avanzado en el desarrollo de la primera impresora 3D en Latinoamérica. Conconcreto, con esta innovación «se propone liderar la manufactura aditiva o impresión 3D con un foco especial en el desarrollo de viviendas de interés social en el país» (360Enconcreto 2021).

En Colombia ya no es una fantasía sino una realidad palpable la posibilidad de construir vivienda social más asequible a la población vulnerable, aprovechando los desarrollos de la tecnología digital.

Fuente: wavy.com

Referencias

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