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Fuente: elinsignia.com
Ya es hora de que la Arquitectura revise su función
para que retorne a la esencia que le dio su origen.

Un estudioso del tema afirmó que hablar de «Arquitectura Social» parece redundante, y con toda razón en tanto que ella misma implica una función social y por esencia le es inherente una finalidad de esta dimensión.

No se trata entonces de que la arquitectura se vuelva social, sino que actué como tal, en coherencia con su esencia que es la que le dio origen como una actividad inexorablemente humana, por lo que hablar de esta dimensión es también hablar de social más aún por aquello que afirmara el filosofó clásico griego Aristóteles al expresar que «el hombre por naturaleza es un ser social».

En efecto Aristóteles define al hombre como un animal político lo que en otros términos significa que como humanos necesariamente tenemos que vivir en sociedad. «Nacemos humanos pero lo humano no es meramente biológico, lo genéticamente dado en cada uno de nosotros», apunta Webquest (2022). Y agrega el mismo que «Los seres humanos, al vivir en sociedad -a diferencia de los animales- nos educamos, nos transformamos para bien o para mal, ya que fuera del ámbito social esto no sería posible. Por esta razón el mismo Aristóteles nos dice que fuera de la sociedad sólo podrán existir los dioses o las bestias» (Webquest, 2022).

El mismo continúa sugiriendo que «la diferencia entre los seres humanos y los animales radica, entre otras cosas, en el grado de inteligencia que desarrollan; sin embargo, la inteligencia humana conlleva la capacidad de poder transformar el mundo». Y finalmente anota que «Marx entendió esta capacidad humana productiva no solamente como una transformación que genera bienes de consumo, sino también una capacidad que nos permite producir valores culturales». Entre muchos de esos valores culturales se encuentran entonces los bienes colectivos, esos que nos permiten desarrollar un proyecto de vida individual pero a su vez un conjunto de relaciones sociales diversas y en no poca medida complejas.

En esta dirección Verdasco afirma que «La mayor parte de las veces que se menciona la expresión «arquitectura social», poco tiene que ver con su capacidad para generar y establecer relaciones, y más bien da la sensación de que estamos hablando únicamente de vivienda, asociando automáticamente lo social con lo residencial» (Verdasco, 2018).

Entrega de Premios II Concurso de Arquitectura Social Fundación Konecta

Fuente: comunicae.es

Cuestiona severamente Verdasco esta postura al afirmar que «cuando se oye ese binomio se piensa en viviendas para clases populares con pocos recursos» y lo califica como si tratara de «una arquitectura casi que de beneficencia donde lo social queda vinculado a bajos presupuestos y a casos límite».

Y ante este panorama no deja de invitar a una profunda reflexión a partir de una premisa y subsiguiente pregunta: «Pero si incluso esa arquitectura fuese la que señala los mayores conflictos de una determinada comunidad, ¿no sería justo que fuese donde pusiéramos mayores medios y esfuerzos?»

Y en el fondo de sus reflexiones no se encuentra más que una invitación para que la arquitectura retorne a su fin original, en la perspectiva de que se adecue a los tiempos modernos y a las circunstancias que caracterizan la compleja vida en sociedad en las distintas latitudes del planeta. Y entonces cabe preguntarse ¿Qué es o, que debería ser la arquitectura en medio de una creciente diversidad de crisis -social, económica, ambiental, etc.- y una mayor heterogeneidad poblacional? ¿Cuál debería ser su papel desde la concepción y praxis de lo social?

Si bien es cierto que la arquitectura en sus comienzos emerge como una disciplina cuya razón de ser fue concebir y proveer una vivienda, ésta por ser una necesidad básica de los seres humanos la convierte en una actividad de connotación social. Pero claro está que su campo de acción trasciende más allá, pues con el paso del tiempo fue supliendo otras necesidades trascendentales como la de desarrollar los espacios para posibilitar o promover las relaciones sociales, especialmente en las urbes, al igual que el desarrollo de bienes inmobiliarios colectivos requeridos para que la sociedad pueda desarrollar las diversas actividades desde donde se proveen y circulan variados bienes y servicios que requiere un colectivo.

1° Concurso Arquitectura Sostenible con Inclusión Social 2012
Detalle del proyecto ganador

Fuente: arquitecturaperuana.pe

Es claro entonces que el carácter social de la arquitectura no es porque su quehacer se reduzca a la provisión de viviendas de bajo costo y para personas de escasos recursos, pobres o marginados, es decir, lo que en Colombia eufemísticamente se ha dado en llamar «Vivienda Social-VIS». En este caso su orden constitucional consagra la vivienda digna como un derecho fundamental lo que profundiza el sentido y deber ser de la función de la arquitectura y de la industria de la construcción.

A propósito Verdasco arguye que «en arquitectura la condición social es inherente desde el momento en que se trata de una actividad hecha para relacionar individuos y agentes sociales». Asegura que «sin embargo, no es la vivienda donde mayor sociabilidad se produce entre individuos de una comunidad, o al menos no es el único ámbito, se llega al punto de que tipologías como las viviendas aisladas, que no se caracterizan precisamente por fomentar las relaciones, también son llamadas vivienda social si cumplen ciertos parámetros ajenos a su sociabilidad».

El mismo considera que no se puede dejar de considerar la condición de utilidad social que determina a la arquitectura y agrega que «Y si bien esa utilidad puede ser emocional, simbólica, etc., y no necesariamente funcional, como utilidad no deja de cubrir una finalidad social». No deja de reseñar que «La arquitectura es una de las herramientas que pueden ayudar a construir y a destruir la convivencia. Otros (sociólogos, psicólogos, demógrafos…) podrán medir su impacto sobre nuestros entornos y relaciones».


Fuente: freepik.es

De otro lado, en entrevista que le hiciera Elisabeth Schwiontek a Christoph Schmidt, arquitecto del grupo de arquitectos berlineses IFAU -Instituto de Urbanismo Aplicado- este precisó que «La arquitectura social trata de diseñar espacios privados y públicos con el fin de hacer posibles formas de convivencia urbana variadas. En concreto, se trata ante todo de tres cuestiones: una es la de la vivienda asequible» (Schwiontek, 2015). Pretendiendo significar que «Construir viviendas pensando en el bien común y planificar el urbanismo sobre una base política son prácticas que contribuyen a impedir el desplazamiento social y la marginación»

La segunda cuestión a la que alude tiene que ver con la apropiación de lo construido lo que significa que «no puede hacerse una planificación desde arriba sino que hay que tener en cuenta desde un principio los deseos y necesidades de los usuarios, y de la gente implicada del lugar». Según el mismo ello implica el claro propósito de incluir espacios para la interacción y la comunicación ya sea centros juveniles y para estar en familia, bibliotecas, jardines, es decir, lugares en los que se pueda estar sin consumir nada, agrega.

Y el tercer asunto al que se refiere, es que llama la atención de los arquitectos para que estén a la altura de lo que hoy exige una sociedad que de manera creciente es cada vez más heterogénea. Y precisa que ello debe conducir a que «se hagan adaptaciones espaciales, tal como lo exige, por ejemplo, la transformación demográfica». Y apunta que para ello no se requiere precisamente construir nuevos edificios sino apostarle a procesos de renovación previamente planeados, lo que a su vez debe comprometer a planificadores, municipios, desarrolladores, inversores y a la opinión pública local.

Liceo Schorge (Koudougou, Burkina Faso)

Fuente: naiz.eus

No obstante siempre se observa una tendencia a definir la arquitectura social por su vocación de planificar y construir viviendas para la población de bajos ingresos, postura que aquí ya ha sido cuestionada. Más sin embargo desde esa misma ala se aprecia una postura que concibe que «Entre sus principales objetivos está promover la interacción entre la vida y la forma y fomentar una relación sana entre las personas y las ciudades» (Rodrigo, 2020).

Otra concepción considera que el término «arquitectura social mezcla las ciencias sociales, las ciencias políticas y por supuesto la arquitectura en una misma» (Garcidueñas, 2016). Esta postura la considera como una rama de la arquitectura que ha de permitir ofrecer soluciones a ciertos problemas que afectan a la comunidad por medio de proyectos que deben conducir a una mayor calidad de vida o de servicios.

En conclusión, si bien es cierto que algunos tratadistas del tema consideran que a hablar de arquitectura social es referirse a una rama de la arquitectura, hay otros que por el contrario consideran que la arquitectura es una actividad esencialmente social, en tanto que su finalidad fundamental originaria es la de suplir una necesidad básica humana esencial, si solo se le considera como proveedora de viviendas.

Sin embargo, también muchos sostienen que es social porque su producción tiene como finalidad última contribuir al mejor desarrollo de las relaciones sociales y a crear ambientes y espacios adecuados para el desarrollo de una vida en común en donde sean posibles interacciones armónicas entre los seres humanos y de éstos con su entorno público. En su mayoría descartan que a la arquitectura se le catalogue como social por el simple hecho de construir viviendas de bajo costo para personas marginadas o de escasos ingresos, que de ser así sería una percepción errada, por no decir que imprecisa. Estas reflexiones en últimas invitan a que más bien la arquitectura se reencuentre con su esencia y naturaleza que desde sus orígenes es eminentemente social.


Fuente: freepik.es

Referencias

 

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