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Casas de colores de Cudillero (Asturias, España)
Fuente: Freepik
 La historia de la construcción registra edificaciones que no necesariamente se traducen en una buena arquitectura.

 

Elucubrar, especular, reflexionar acerca de las distintas caras de un fenómeno, hecho o cosa es propio de la capacidad de discernir que se deriva de la inteligencia humana. Por ello no han de estar ausentes las disertaciones que se dan en torno a la arquitectura a partir de reflexiones adjetivadas que pueden exaltar o cuestionar su esencia, sus productos y su actividad. De ahí que una de las discusiones que con frecuencia surge es si se puede hablar de una buena arquitectura. Tal controversia supone entonces la existencia de una mala arquitectura.

Con el ánimo de alentar la discusión, recientemente el portal Arch Daily (2022) lanzó una convocatoria abierta para que sus lectores se atrevieran a expresar sus opiniones en torno al interrogante ¿Qué es la buena arquitectura? La participación tanto de profesionales de la construcción como de estudiantes e interesados fue prolífica, y algunas de esas opiniones fueron publicadas por el mismo portal.

Por ejemplo, la arquitecta mexicana Eva Mondragón considera que una buena arquitectura es la que no olvida por qué y para quien existe y en consecuencia no renuncia a su finalidad de satisfacer una necesidad a cambió de perseguir un propósito meramente comercial, de tal forma que provea soluciones de hábitat que aseguren una digna calidad de vida sin que importe la condición social y los recurso con los que se cuentan, en tanto que el disfrute de la funcionalidad y la estética que prodiga, es una condición que le es común a todo ser humano. Cierra su reflexión afirmando que la buena arquitectura es la que se deriva de su humanización habida cuenta de que no se trata de un asunto de lujo y rapidez, más si de paciencia e inteligencia.

Por su parte, Julián Bernasconi, arquitecto de Argentina planteo su reflexión sugiriendo partir no de lo que es la buena arquitectura, sino de lo que no es, para precisar que aquella no está determinada por la modas, no se somete a estándares sociales, no tiene que ver con el lujo o el ego que invade a los arquitectos. Por el contrario considera que la buena arquitectura se traduce en el grado de satisfacción de las necesidades de los usuarios, quienes realmente son los que determinan si la construcción se adapta a las necesidades cambiantes no solo de quienes habiten sus productos, sino también del entorno y el contexto donde se lo situé.

Mientras que el chileno Johan Ramírez Correa, estudiante de arquitectura próximo a titularse, manifestó que la buena arquitectura es la que no fantasea con ser, sino que es, infiriéndose entonces que se trata de aquella que acude a su esencia más allá de cualquier interés. Y precisa que la buena arquitectura es aquella que se traduce en proyectos que toman en consideración las condiciones contextuales y los materializa asumiendo lo cotidiano de manera respetuosa y consciente. Concluye Ilustrando que caminar en la calle, esperar en el lobby de un hotel, cocinar o trabajar en la vivienda, son actos inmutables y recurrentes -cotidianos- pero que se adaptan y dignifican a través del reconocimiento del contexto en todas su dimensiones: social, ambiental, urbanística, cultural, etc.

Sin duda se trata de apreciaciones que permiten ir aterrizando respuestas ya no a una sino a dos inquietudes. Pero ¿unas reflexiones enfocadas en la razón de ser de la arquitectura -esencia- serían suficientes para definir o explicar la buena arquitectura? Muy seguramente no lo será, y otros enfoques aportan luces adicionales.

 

Residencia Kaufmann, del arquitecto estadounidense Frank Lloyd Wright (Pensilvania, Estados Unidos. 1939)

Fuente: arquermoarquitectos.es

 

 

Enfoque sociológico-Dialéctico

Una hipótesis diferente -seguramente complementaria- es la que lanza Delgado (2022) según la cual la buena arquitectura es una creencia -en el sentido de Julián Marías[1]que se origina en un reconocimiento comunitario de una práctica edificatoria o urbana.

Esta hipótesis surge, se recrea y se consolida a partir de una tesis originaria o inicial de Delgado según la cual la buena arquitectura es equiparable con el edificio paradigmático, vale decir, aquella construcción que por su diseño y forma de representar unas ideas sirve de referencia para explicar: (1) un determinado momento de la historia; (2) para identificar un movimiento arquitectónico particular; y (3) para expresar un manifiesto que, de alguna forma, ha cambiado el devenir estético e ideológico. Delgado aclara que la asociación del término ‘bueno’ no hace referencia a la adecuación con un bien particular o universal, sino a una creencia consensuada por los arquitectos y contrastada con historiadores, críticos y otros estudiosos cercanos.

 

Buena Arquitectura /Mala Arquitectura
Fuente: YouTube

 

En esta dirección Delgado considera que lo ‘bueno’ por lo tanto es una apuesta de valor de aquello que: (1) ha permanecido en pie con más o menos entereza y se reconoce en su antigüedad un valor adicional; (2) su diseño, así no se haya construido, plantea una solución audaz desde lo estético y lo constructivo; (3) haya sido realizado por un maestro de la arquitectura.

Pero entonces surge la inquietud: ¿Qué pasa con el resto de construcciones? ¿El resto de construcciones, que son el 99,9%, no son buena arquitectura? En consecuencia ¿ese 99,9% son mala arquitectura? Delgado estima que si fuese necesario establecer que es la mala arquitectura en contraste con lo anteriormente planteado y como si dé un juego se tratase, podría decirse que es la que: (1) no representa nada para la historia; (2) no identifica ningún movimiento arquitectónico particular; (3) no expresa absolutamente nada en cuanto al devenir estético e ideológico. Derivado de esta contrastación deduce que la mala arquitectura lo es por: (1) desaparecer sin que nadie se percate; (2) no plantea nada novedoso o arriesgado desde lo estético y lo ideológico; (3) han sido realizadas por un arquitecto desconocido o anónimo. Siguiendo con el juego agrega que entonces la ‘mala arquitectura’ sería la creencia de que la ‘buena arquitectura’ existe y da sentido -por oposición- a la primera.

Finalmente Delgado resuelve la disyuntiva precisando que esta disertación no se trata de un juego sino del asunto central y fundamental de las escuelas de arquitectura que deben procurar que todo estudiante de arquitectura se entrene en el diseño de la buena arquitectura. En efecto Delgado no descarta que exista una buena arquitectura pero ello no implica que el resto de construcciones sean malas o no tenga la consideración de arquitectura.

 

Biblioteca Julio Mario Santodomingo (Bogotá, Colombia)

Fuente: Wikipedia

 

  

El enfoque antropocéntrico

Delgado sugiere otra mirada o perspectiva para abordar el problema invitando a que se piense en que todo es arquitectura a pesar de que en pocos casos se califican algunos edificios como obras maestras, referentes históricos o paradigmas. Por ello no descarta que la buena arquitectura sea otra cosa situando la discusión en la propuesta que presentara en su tesis doctoral el Dr. Samarán Saló en la que afirmó que «la buena arquitectura pone en el centro a la persona», ya sea ciudadano, habitante, usuario, etc.

Así resulta, como lo sostiene Delgado, que «la persona y la arquitectura son inseparables en su origen, indisolubles en su sentido e inevitables en la práctica». Agrega que no puede pensarse que las construcciones estén diseñadas para otra cosa que no sean las personas, por lo que ésta no puede separarse de la persona en tanto que se origina a partir de la necesidad de habitar un lugar por y para alguien.

Por lo que respecta a la docencia, señala que la arquitectura centrada en la persona ofrece un horizonte más amplio para el alumno porque al partir de su propia experiencia de conocerse a si mismo puede asumir una postura más empática y de identidad con el usuario o habitante.

Y finalmente, desde el punto de vista arquitectónico al centrar el foco en la persona supone supeditar el diseño y la construcción al aprendizaje de la puesta en valor de aspectos intangibles, que por su significación tienen mucha más importancia que lo meramente formal o técnico.

En conclusión, diversos pueden ser los ángulos desde donde se puede definir lo que es la buena arquitectura sin que para ello resulte necesario acudir al odioso contrario de la mala arquitectura. En las consideraciones y posturas abordadas se advierte una tendencia al consenso en torno a que la buena arquitectura no solo es la que fundamentalmente se centra en la persona y no olvida para qué y para quien existe, sino que también, aquella que por sus obras maestras hace historia, genera nuevos paradigmas estéticos e ideológicos y contribuye a la génisis de un movimiento arquitectónico.

 


Fuente: rompiendotechosdecristal.com

 

[1] MARÍAS, J. (1955). La estructura social. Teoría y método. Madrid: Sociedad de Estudios y Publicaciones.

 

 

Referencias

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